Las joyas son protagonistas en muchos stands
El paseo de San Gregorio de Puertollano es, en estos días, el epicentro del mestizaje de muchas culturas que tienen mucho en común pero a las que cuesta acercarse. Desde el pasado 2 de febrero y hasta el próximo día 12, la arteria principal de la localidad industrial acoge, un año más, la Feria de Artesanía Iberoamericana, un mercadillo en el que los artesanos de los países más representativos del otro lado del charco muestran sus mejores productos para intentar atraer a los compradores.
Cada año, los organizadores del evento invitan a un país lejos de Iberoamérica para que muestre sus productos en la feria. Este año le ha tocado el turno a Egipto, que concurre a la cita artesana con lo mejor de la producción nacida de las manos de algunos de sus mejores artesanos callejeros.
Los habituales a esta cita artesana deberán cambiar en su imaginario la ubicación del evento. «Problemas de organización», tal y como reconocen los propios responsables de la feria artesanal, han obligado a trasladar en esta ocasión los stands, aunque su nuevo posicionamiento sigue siendo más que propicio para que los ciudadanos de Puertollano acudan a comprar los objetos que allí se ofertan. Todas las ediciones, la feria tenía lugar junto a la Casa de Baños, una parte del Paseo en la que tradicionalmente se dan cita todos los eventos de similares características. Este año no. Este año, las vicisitudes organizativas han obligado a trasladar la feria a los aledaños del parking de El Bosque, en la que los ciudadanos encontrarán sopladores de vidrio, joyas artesanales, adornos y hasta un stand con dulces típicos de los países iberoamericanos. Un deleite para todos los sentidos.
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